Habla Horacio Salinas

l’intervista completa (e con qualche foto) di David Ponce la trovate qui
grazie a Lella per la segnalazione

Distinto al modo en que aprendiste tú. ¿Había menos estímulos musicales cuando tenías esa edad?
Vivíamos la música, claro. Pero no teníamos como reproducirla. ¿Te acuerdas de la imagen de los negros en Nueva York con una cosa (una radio) aquí en el oído? (se ríe). En un tiempo más creo que vamos a meternos aquí al oído un chip con quinientas mil canciones y chao. A mí me admira eso“.

–¿No es difícil que un disco nuevo de Inti-Illimani entre a competir contra quinientas mil canciones disponibles?
Bueno, en realidad uno siempre espera que lo de uno no se marchite, que sea un buen ramo de flores que permanezca. Me da la impresión de que un poco lo nuestro y harto de la Nueva Canción Chilena ya es patrimonial. Pasa a ser un clásico. Uno lo que haga es recibido con la simpatía de, no sé, un poco como el tío Roberto Parra, el Ángel Parra“.

–¿Y te gusta eso, es un seguro o puede ser un arma de doble filo?
Está bien“, sonríe. “No soy del espíritu de sentarme a vivir de rentas pasadas. En el terreno artístico es un poco triste. La vida del Inti-Illimani ha sido tremendamente ingenua en ese sentido. Ha sido una entrega a un mundo que descubrimos hace cuarenta años y que se puede ir ensanchando. No redescubriendo: más bien ensanchando. No creo que después de cuarenta años vayamos a descubrir una nueva manera del Inti-Illimani de hacer armonías ni otras cosas: sería pedante. Sino más bien ensanchar un patrimonio, una estética, una manera que es sólo nuestra de usar el bajo, de hacer armonías, de circunscribir las melodías, en fin“.

–Una cosa puntual es que la exhibición del documental sobre el disco fuera en la Cineteca de La Moneda, que es un símbolo de la nueva institucionalidad cultural. Es algo impensable en el tiempo de Pinochet, pero a la vez es una cosa oficial. Es el edificio más institucional del Chile el que usaron.
Está bien, pero muy lejos de Inti-Illimani escrito con bronces, con letras institucionales. Una cosa que va a perdurar es esa institución cultural que se creó durante el gobierno de Lagos, y que encuentro fantástica. Y que la exhibición de la película fuera en la Cineteca de alguna manera nos honra, en un aspecto del desarrollo de esta democracia que nos provoca también enojos. Yo creo que este país sólo se desarrolla en el plano de la cultura y las artes ampliando, abriendo. No es ninguna reverencia ni una venia a lo estatuído ni al oficialismo, sino más bien a la cultura. De la misma manera en que estuvo Nicanor Parra ahí, tan cuestionadamente“.

–¿Un antídoto contra la institucionalización es claramente hacer un disco nuevo?
Nos volvió a poner en ese desafío. Aquí quedan abiertas ventanas y puertas hacia otros mundos, que creo que es lo apasionante. La historia de Inti-Illimani ha sido siempre ésa, de ir ensanchando nuestro espacio creativo e interpretativo. No descubrir una onda contemporánea o ponernos ‘al día’ en nada, sino sencillamente utilizar toda nuestra capacidad. Este disco nos produce la sensación de haber llegado a un puerto que queríamos“.

Entre mayo y junio pasados se reunieron los músicos del grupo a ensayar el disco, en un lugar simbólico para Inti-Illimani: la vieja casa de la Peña de los Parra, hoy sede de la Fundación Gladys Marín. Otro símbolo llegó más tarde, cuando el nuevo logo del conjunto fue creado por Vicente Larrea, autor del diseño original junto a Luiz Albornoz y creador de gran parte de la gráfica del histórico sello Dicap y la Nueva Canción Chilena desde fines de los años ‘70.

Son situaciones que se dieron de manera fortuita y curiosa“, recuerda Salinas. “Estuvimos en la Peña de los Parra varias semanas bajo el influjo de la Violeta, de los Parra, de nosotros mismos, en el mismo espacio que ocupaba el escenario de la Peña hace cuarenta años, cuando yo acompañaba al Víctor (Jara), en fin, al Ángel (Parra) cuando iba para allá. Fue un espacio acogedor. Luego surgió Vicho Larrea junto con el Flaco Albornoz. Les fascinó la música y quisieron recuperar el logo después de cuarenta años, una parábola increíble, bajo el alero de todos los fantasmas que estaban ahí, y creo que tiene mucho que ver. En este disco Esencial hay la recuperación de una parte y por otra los desafíos de lo que vamos proyectando“.

–¿Patricio Manns es otro de esos elementos? ¿Cómo fue trabajar con él de nuevo?
Mira, como siempre. Con algunas diferencias, este disco es un poco como todos los discos del Inti-Illimani. Hay una diferencia, que es que pudimos hacerlo en vivo. Nos dimos cuenta precisamente ensayando en la Peña de los Parra es que esa energía con la que nos comunicábamos teníamos que registrarla. Y por otro lado está Patricio Manns, que ha estado ya desde el año ‘78 siempre inmiscuido en las canciones nuestras. Lo llamé como un mes antes de grabar, me mandó un texto y yo hice esta canción (“Tan sólo amando el hombre camina“). Siempre trabajamos de esa manera con Patricio. Fue la última canción que montamos“.

–Al mismo tiempo, por primera vez los tres músicos más jóvenes graban un disco inédito. ¿Eso es lo que lleva al grupo para adelante?
Yo diría. Todo el instrumental nuestro se amplió de manera muy interesante en lo expresivo y musical. El acordeón es una sonoridad con tanta historia, pero no existía antes en el conjunto. Permite estos sonidos prolongados: es como tener una pequeña orquesta de cuerdas pero medio gitana. Eso se nota. El piano. El contrabajo con el arco es otro sonido continuo. Nosotros éramos más bien todo pizzicato, todo pellizcado, tun tun, sonidos breves. Y en la percusión me encanta subrayar que a Danilo (Donoso) lo conocí como alumno de la escuela de la SCD. Bien rockero, bien sound, gran dominador de la batería, se interesó mucho por traducir a la batería los ritmos folclóricos latinoamericanos. Tiene una gran sensibilidad, una gran modestia, y toca no fuerte, que es una virtud de un baterista“.

–¿No hay canciones de ellos todavía, están haciendo méritos para componer?
En eso han sido muy respetuosos. Si tú quieres es una de las dificultades que tiene una banda con tanto carrete, cuarenta años, con más de cuarenta discos. Ellos participan con gran entusiasmo pero con pies de plomo. Hay que intevenir coherentemente, a condición de que no se altere la arquitectura patrimonial“.

–¿Y tú eres más el guardián de eso, de que no se desnaturalice?
Seguramente. Yo creo que es una responsabilidad que uno tiene. Como director musical, imagínate, desde los dieciséis años, éste es un deslumbramiento. Es una criatura que ha crecido, que está como terminando la enseñanza media. Creo que es una responsablidad que me delegaron. No lo pedí ni se lo arrebaté a nadie, y eso lo entienden también los muchachos jóvenes. Y sin duda que por ahora lo más novedoso es esta gran fuerza expresiva que tienen. Camilo, Julio y Danilo tocan con mucha propiedad y mucha intensidad. Ahora, el conjunto nunca ha cerrado espacios creativos a nadie, a condición de que vaya ensanchando esta avenida y que no sea ninguna pirotecnia ni un tipo de cuoteo“.

–Ellos han dicho, desdee el otro lado, que de pronto intentaban meter una batería y que los históricos los miraban con cierto recelo.
Todos nos vamos seduciendo aquí. Las relaciones interpersonales en una banda tienen que ver en medida muy importante con esta seducción“.

–¿Es una dificultad extra trabajar con tu hijo en el mismo conjunto? ¿Tienes que ser más estricto para no se acusado de favoritismo?
No, me parece increíble eso de que Camilo es un músico más, a quien yo conozco mucho y sé por qué está en el conjunto. En parte lo miro y me miro un poco a mí, porque hay una característica familiar, que es esto de tirarse a la piscina. Esa pasión la veo en Camilo también. Es como una garantía de honestidad. Yo lo veo muy entregado. Y en el trabajo interno no hago distinciones. Y eso hace que el espacio del tocar sea una diversión, un goce. Camilo es un músico más y hay un futuro ahí que descubrir” .

En “El lazo“, una canción de Víctor Jara incluida en el disco, Camilo Salinas toca un órgano comprado a un exiliado chileno en Finlandia. “Es como un armonio. Ahí hay un mundo maravilloso. Sin que uno se lo proponga sigue viniendo el eco de nuestra estadía en Europa“, dice Salinas padre: Inti-Illimani vivió exiliado en Italia entre 1973 y 1989. “Y aparece la música celta, o la luminosidad de la música mediterránea, y ese es un campo musical que vamos a trabajar todavía mucho más. Es una música que me produce una sensación de vitalidad muy grande“.

–¿Una de las canciones del disco, “Danza mediterránea“, tiene que ver con ese énfasis?
Sí, y la tocamos ahora en Europa y nos llamó la atención que fue una de las mejor recibidas. Algo transmite ‘Danza mediterránea’. Y es curioso porque hay elementos de la música catalana, de las jotas mallorquinas. Parte de mi ascendencia, mi abuela materna era de Mallorca. (Sus apellidos son) Roig Mazanet. (La cantante) María del Mar Bonet me decía que son de una caleta de Palma de Mallorca. Y un amigo de Córdoba, España, reconoció un aire de jota mallorquina. Y de cueca también. Y yo cuando escucho esa música me parece lo más familiar“.

–También hay canciones de Jorge Ball y José Seves. ¿Se trata de que la composición sea democrática al interior del grupo?
Al hacer un disco vemos qué propuestas interesantes hay. No hay ningún tipo de obligación ni de cuoteo. Estaba esta canción de José, que ya había grabado en un disco y que retomamos más es un estilo campesino portorriqueño. Y en el caso de Jorge era una antigua melodía, que fue muy impulsada por los muchachos jóvenes. Esa fue una fatiga. La música venezolana tiene una cosa única en América Latina, porque ahí es donde confluye lo más complicado de la tradición andaluza. El folclor venozolano está lleno de mandolinas, bandolas, bandurrias, cuatros, y la música del Llano tiene esta energía maravillosa, pero bien compleja. Y sacar ‘La corocora con tucán’ de Jorge Ball fue como pasar la Prueba de Aptitud Académica. Por eso te digo que estamos recién saliendo de la enseñanza media“.

–¿Hacía tiempo que pensabas en el título de Esencial?
De la misma manera en que se le ocurren las melodías a uno se le ocurren los nombres. A medida que fuimos trabajando los arreglos y eligiendo qué cosas descartar o enfatizar, la palabra ‘esencial’ empezó a rondar como una característica del trabajo nuestro. Una de las primera canciones que montamos para este disco fue ‘El lazo’, de Víctor Jara, y me quedó siempre dando vuelta cómo interpretarla en un arreglo que traduzca todo el significado que tiene. Y en el arreglo hay tratamiento de cosas esenciales“.

–¿Nos has pensado que puede ser una alusión al otro Inti-Illimani? ¿Que éste sea el esencial y el otro no?
No creo. Nunca hemos tenido ese propósito. Nunca hemos hecho lo que hemos hecho contra algo, contra nadie. Este disco ha surgido con la naturalidad de todos los otros discos, con las mismas directrices, las mismas prioridades. Ha cambiado mucho respecto del pasado quiénes constituyen la banda, ésa es una realidad. Y eso ha dado la posibilidad de hacerlo en vivo y de que colaboren músicos que vienen de otros mundos y se conectan con este patrimonio. Sin duda que para nosotros constituye una anomalía esto de que estamos nosotros y existe este otro grupo que se llama Inti-Illimani. Pero al mismo tiempo se va cada vez ensanchando más la distancia que nos va separando de esa otra experiencia musical. Que es otra experiencia musical, vista desde lo que a mí me compete como director y como músico que creció en el Inti-Illimani“.

–¿Es una diferencia musical esa que los separa cada vez más? ¿El sonido, la identidad?
Yo creo que la identidad. Hay una cantidad de aspectos si tú quieres fríos, técnicos, modos con que manejas las líneas del bajo, las líneas melódicas, las armonías, cómo uso las disonancias, qué disonancias no uso, cómo termino las canciones… es una sumatoria de muchas cosas, pero que todas juntas dan un rasgo musical, estético. Y ahí hay una gran alteración. El Inti-Illimani hace las cosas de una manera que la gente reconoce. El Inti-Illimani es todo lo que se ha hecho y todo lo que no se ha hecho también, y todo lo que dejó de hacer. Yo no tengo dudas respecto de qué es el Inti-Illimani, y creo que Inti-Illimani no es un grupo experimental. No puede serlo, después de cuarenta años“.

–¿Más allá de lo que hemos hablado de ensanchar el rango?
Ésa es otra cosa. Eso tiene que ver con el enriquecimiento, con ir ampliando esta ciudad que es un poco (el grupo), y creo que después de éste vienen discos muy interesantes nuestros, que van en el camino del ensanchamiento. Pero no es el momento de experimentar ninguna cosa. O sea, no se puede reinventar el Inti-Illimani. Inti-Illimani es un modo de hacer, como te decía, y un modo de no hacer“.

–¿El otro grupo no te parece Inti-Illimani?
Yo veo que es otro grupo. Yo lo veo más cercano a Entrama o cosas así, y son grupos que me despiertan curiosidad. Los escucho con propuestas, hay una búsqueda, experimentación. ¿Pero transformar al Inti-Illimani en un grupo experimental que busca su camino? O sea, yo creo que el camino nosotros felizmente lo encontramos hace mucho tiempo“.

Luego de la grabación de Esencial Inti-Illimani hizo una gira por Italia, Alemania y Bélgica durante un mes, en Santiago actuaron con el grupo español Amparanoia y acaban de tocar este fin de semana en Venezuela. “En esa medida van surgiendo ideas“, dice Horacio Salinas. “Por lo menos yo me he propuesto celebrar el bicentenario con nuestros 43 años de vida y hacer otro disco antes de eso. Y el próximo año vienen los cuarenta años de este grupo, y este disco y esta película van a ser una bonita celebración“.

Fue durante la preparación de las canciones que iban a dar forma a Esencial que el cineasta chileno Ricardo Larraín registró el funcionamiento musical más íntimo del conjunto, en el documental que acompaña al lanzamiento del disco. En él, la minuciosa cámara de Larraín registra tanto entrevistas con los músicos como su forma de trabajo en la sala de ensayo y hasta una participación del cantante lírico Tito Beltrán en conjunto con el grupo.

–¿Se habían visto antes en una pantalla grande?
Yo creo que nunca había visto un punto de vista cinematográfico de lo que hacemos”, dice Horacio Salinas. “He visto unas películas incluso muy simpáticas que hicimos alguna vez con (cámara) Super 8, en giras. La primera vez que fuimos a Japón, el año ‘76, si no me equivoco, nos compramos en el conjunto una filmadora. Pero nunca hubo esta aproximación hacia un mundo más bien íntimo, de cómo trabajamos y nos conectamos. Y todos quedamos sorprendidos por este modo en que Ricardo (Larraín) se metió con mucho respeto en un mundo. Si bien ellos filmaron cerca de cincuenta horas, ya a partir de las dos horas, a fuerza de verlos los dejamos de ver, y creo que eso aparece un poco en esa película. Es una suma de dos maneras respetuosas y delicadas de trabajar aspectos del arte“.

–¿Impacta más esa intimidad o un primer plano gigante?
“(Sonríe) No es que no tenga nada que decir, pero tengo más seguridad en otros ámbitos, más bien de cosas musicales. Y en realidad hablamos lo estrictamente necesario. No creo que haya a estas alturas que hablar mucho. La música dice muchísimo más de lo que uno trata de explicar, y finalmente la intimidad de la relación que uno tiene con una melodía, una armonía, un grupo, es una cosa bastante misteriosa“, dice el director musical del conjunto, que también tiene planes futuros concernientes a la película. “Lo trascendente de esto es que vamos a traspasarla a cine antes que a video, para que se pueda ver en cines“.

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