Coulon e Salinas: le reazioni

articolo di Franco Fasola che trovate a questo indirizzo
http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20051126/pags/20051126160647.html

Hay un arbitraje que busca resolver una cuestión que no tiene solución. Nosotros tenemos un contrato absolutamente regular, ellos no. Nada de eso sirvió. Ellos aparecieron, lo usaron. Van financiados por el Ministerio de Relaciones Exteriores afuera. ¡Qué sentido tiene hacer un arbitraje! ¡No se ha respetado la palabra empeñada, la decencia, ni la historia ni nada! ¡Esto es una payasada!”.

Quien habla es Jorge Coulon, líder del grupo que hasta hace unos días podíamos llamar Inti-Illimani. Hoy Coulon se encuentra en Alemania realizando una serie de conciertos y mastica amargamente una resolución arbitral que dice que su banda deberá llamarse ahora “Nuevo Inti-Illimani”.

Hace exactamente una semana, Horacio Salinas, quien fuera director musical del grupo, tocaba junto a José Seves, Horacio Duran y Jorge Boll en Valparaíso. Mientras entonaban “Alturas” y “El mercado de Testaccio”, Patricia Montero -mujer de Jorge Coulon- junto a familiares del grupo, enarbolaban pancartas en la plaza Sotomayor que decían que ese grupo no era legítimo. Hubo pifias. Era el día de la música chilena y el réquiem a casi 38 años de historia, amistad y sueños de revolución.

El 6 de agosto de 1967, un grupo de estudiantes de ingeniería de la Universidad Técnica del Estado se subían por primera vez a un escenario con el nombre de Inti-Illimani. A la fecha, la banda que se convirtió en referente musical y en paradigma de la vida en comunidad, está tan enemistada, que un arbitro tiene que definir por ellos quién es el legítimo dueño del uso de la marca registrada Inti-Illimani. Ironías de la vida, para un grupo que hace un par de décadas vivía como hermanos en una casa de las afueras de Roma, pagaban las cuentas entre todos y componían himnos que marcaron millones de corazones.

TIEMPOS VIOLENTOS

Peor que una separación matrimonial. Acusaciones cruzadas, perdida de confianza, dolor. Jorge Coulon y Horacio Salinas son las cabezas que intentan explicar una disputa que no tiene visos de solución. Coulon habla de un problema ético y Salinas replica que es musical.

Luego de una larga lista de relevos y salidas del conjunto, Coulon cree que hubo un momento en que todo se pudrió. Inti-Illimani cosechaba el éxito logrado durante el Festival de Viña del 2004. Para él, el Loro Salinas no pudo soportar ver a sus amigos triunfar. “Nosotros cobijamos un monstruo de ego”, dice.

Ya sin Salinas, ni Seves, ni Berrú, el charangista Horacio Durán era el administrador del conjunto y tenía programado, al igual que sus compañeros, su retiro luego de las felicitaciones de Vodanovic. Quería irse a vivir a Chiloé. Estaba cansado. Pero según Coulon eso sólo era una pantalla.

Horacio Salinas, José Seves y el propio Durán, junto al dueño de la productora Macondo, Alfredo Troncoso, preparaban el gran regreso del “Inti”. Coulon y los suyos estaban de gira por Australia cuando “Durán le decía al técnico de sonido que se fuera buscando trabajo, porque el grupo se terminaba. Nosotros teníamos evidencias de que él nos estaba desconectando con nuestros contactos en el exterior. Durán me juró con lagrimas en los ojos que él jamás iba a aceptar que hubieran dos Inti-Illimani, que eso era una ridiculez. Pero ellos llevaban mucho tiempo planificando esto con los abogados. Incluso trataron de convencer a Max Berrú”.

LOS APELLIDOS DEL SOL

Por esos días, Salinas sentía legítimamente el derecho de tocar las canciones que él mismo había compuesto para el Inti. Y Troncoso le proponía la interesante posibilidad de reunirse y hacer un recital junto a “Quila”, una de las facciones -historia repetida- de sus compañeros de carrera: Quilapayún.

Punto final. El mentado recital acabó con la historia común. Ahora serían dos las bandas que cargarían con un pasado glorioso y un presente sin nada que las una, salvo el nombre en disputa y la “Sociedad limitada Creaciones Musicales Inti-Illimani”, conformada por Jorge y Marcelo Coulon, Horacio Salinas, Max Berrú, José Seves y Horacio Durán.

La sociedad es dueña del nombre del grupo, luego de que Jorge Coulon lo entregara el año 2000, tras haberlo patentado en Chile a su regreso del exilio. Una de las cláusulas con las que aún funciona esa entidad, sostiene la posibilidad de pedir un arbitraje en caso de que los miembros no lleguen a acuerdo. Y dado el tenor de las recriminaciones y ante la cruda realidad de las dos facciones, el árbitro Roberto Garretón, zanjó esta semana de la siguiente manera: nadie se puede llamar Inti-Illimani. Un grupo se denominaría con el apellido “Nuevo”, dirigido por Jorge Coulon, y el otro “Histórico”, liderado por Salinas. El fallo de primera instancia difundido en prensa el viernes 25 es solo la punta de un iceberg que viene.

SE QUEMÓ LA ESTRELLA

Solución simple. Pero sólo en apariencia, pues las acusaciones de incapacidad artística o de falta de ética se atropellan. El árbitro está sólo en una cancha donde los jugadores no salen del túnel de las recriminaciones. “Si Jorge llega a pensar que nuestra reunión tiene sólo fines económicos, significa que no entiende lo que es Inti Illimani. Nosotros nos divertimos tocando- dice el “Loro” Salinas -. Hemos recuperado mucho el sentido de colaboración musical. En la raíz de mi alejamiento estuvo la renovación del conjunto y en eso, Jorge Coulon fue inflexible”.

Coulon retruca que “El loro se transformó en un ególatra. Está sinceramente convencido de que él es Inti-Illimani. La vuelta a Chile lo transformó y nosotros también colaboramos en eso (…) Esta es una banda seria. Hacemos más de cien conciertos al año. El resto es un drama humano. Los viejos hemos sido muy exitosos musicalmente y un fracaso humano de dimensiones bíblicas. Esto tiene sólo soluciones indecentes”.

Salinas reconoce que todas las separaciones son dolorosas. “Éramos un grupo musical y la música nos condujo a la imposibilidad de seguir dialogando. Esta es una fractura anunciada. Desde una grabación de 1976 y la crisis del ’87 que hubo problemas. La renovación que nosotros pedíamos pasaba por el alejamiento de Marcelo Coulon”.

Al respecto, Coulon sostiene que Salinas también pasó a llevar a los más jóvenes del grupo con su posición. “Salinas nos dijo que los músicos nuevos eran empleados y que por mucho menos se podían conseguir músicos mejores en la Plaza de Armas”.
Salinas apunta sus dardos a que “el Inti-Illimani que todos conocen es el que se formó bajo mi dirección y ese rol me obligaba a escoger el repertorio, los arreglos. No mitifiquemos nuestra situación de grupo. Con la separación, no hemos liberado del chamullo. Lo miope que tiene Jorge Coulon es no entender el significado de que nosotros nos hayamos reunido para cantar y eso lo lleva a no entender el fallo del arbitro”.

El tenor de los resquemores incluye también un debacle económico importante. El Inti- Illimani que lidera Coulon tiene un disco listo:“Pequeño Mundo”, que espera lanzar antes de fin de año, si es que el arbitraje no interfiere. El de Salinas está tocando y quiere lanzar el suyo a principios del próximo año. Pero Salinas sentencia que “si ellos también tienen disco, se van a tener que poner los ‘Nuevos Inti-Illimani’. Yo he escuchado lo que están haciendo y eso es otro grupo. Esa música tiene otra identidad. No me parece ni buena ni mala. Ellos no son “Entrama” (el ex grupo de Manuel Meriño, el nuevo director musical de la banda). Yo siento que ellos son una imitación del estilo que nosotros creamos. Cuando los escucho siento una copia”.

La sangre chorrea los charangos. La disputa legal tiene un menú lleno de apelaciones y fórmulas enrevesadas que incluyen un nombre arrendado al grupo de Coulon hasta el 2006. Pero la lista de diatribas es más extensa que el lío legal. Hace mucho tiempo que Salinas y Coulon no se hablan. Y este último dice con dolor una frase que grafica el paso del tiempo. “La sombra de Pinochet está aquí. El país se ha transformado en un lugar donde estas cosas pueden pasar. Antes un gallo se hubiese pegado un tiro antes de traicionar a un amigo así. Se relativizaron los valores de la lealtad, de la amistad, de la consecuencia. Ellos se han traicionado a sí mismos. Me duele porque por esa gente, yo me habría hecho cortar las manos”. Inti-Illimani, con todo ese halo comunitario y soñador de sus tocatas en la boite Tarapacá o en el Pollo en la Canasta , ya no existe. Murió junto al sueño revolucionario de un mañana con leche para todos a los pies del imperio neoliberal.

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